He creado un monstruo, que cree tener la razón. Pero nadie da un peso por él y se detiene mirando los avisos y las casillas y no hay buenas nuevas. Y se pone impaciente, me reclama, pero no entiende que en realidad las malas noticias son para ambos. Si a él no lo llaman, yo me quedo aquí, inseguro, pensando como amilanar lo que todos tenemos, pero nadie acepta con tranquilidad, esa basura llamada ego.
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